ella volvía a casa después de un sábado insípido.
después de girar la avenida se cruzó con un desconocido que le dijo "hasta luego".
ella no le devolvió el saludo.
pero pensó "estaría bien que ahora te giraras y me dieras un tiro en la espalda".
todos esos libros y esos discos arderán. esa ropa y esas cartas, irán detrás. en lo alto de la pira mis amigos me saludan. y mis padres, mis hermanos y tú, me sonreís. cuando empiece a llover ceniza sentiré un desgarro extasiado, sangraré.
es imposible que me olvide del 124 rojo que tenía mi padre. 